Castigo y Sociedad

Hace mucho tiempo que no escribo nada, y que tenía ganas de agregar una nueva entrada, pero los temas me daban vuelta sin poder bajarlos.

A propósito de un programa televisivo anoche, y de un intercambio de twitts respecto de la “Ley Antidiscriminización” he estado pensando en que es lo que no me calza en todo este asunto. Y me di cuenta que la idea que una ley restringirá o eliminará parte de nuestro entendimiento social, es lo que no me calza.

He tenido, varias reuniones sociales tras la “ley de tolerancia 0 de alcohol”, y, honestamente, el comportamiento ha cambiado, mas no la cultura… “nos juntamos más temprano y así tomamos antes, y nos vamos más tarde … baja el Waze, (red social que avisa de eventos carreteros, accidentes, controles de carabineros, etc) … da lo mismo, el parte por escaparte es más barato que el que te pillen con copete … yo me voy por otro camino, donde nunca controlan”, obviamente, muchos han reducido notablemente la ingesta alcohólica, pero no por consciencia que manejar con dos copas de vino es riesgoso para quien maneja y para otros, sino por la idea de lo costoso de la sanción “me pueden llevar preso, o dejar detenido, o son 100 lucas”.

Pareciera contradictorio lo que señalo, sin embargo, lo que quiero decir es que el cambio cultural no pasa por la amenaza del castigo, sino por la educación. En este sentido, una Ley Antidiscriminación, sin la incorporación de elementos que apunten a educar el respeto/tolerancia como valor, está condenada a ser una ley sancionadora, y nada más que eso; que incluso podría llegar a discriminar al discriminador. Quizás algo similar a lo que sucedió con Dicom, que en vez de educarnos, o ayudarnos a un endeudamiento responsable, terminó dejando con menos oportunidades laborales al endeudado.

La integración, surge, entonces, como herramienta fundamental, la inclusión de los “aparentemente” diferentes. Aunque, claro está, parece más fácil con los que consideramos deficitarios (retardo mental, lisiado, anciano). Siendo la segregación lo más utilizado, cuando el que es diferente a mi , es sentido como una amenaza a mi forma de vida, o cuando simplemente no logro entenderlo.

El presente de nuestro Chile 2012 ha estado marcado por eventos que nos han mostrado nuestra dificultad de integración y aceptación. La ley de aborto terapéutico, el homicidio de Daniel Zamudio, en este último mes han sido episodios potentes. El segundo, más consensual, pero el primero no ha mostrado nuestra intolerancia con el que piensa distinto.

No soy político, y tampoco me interesaría involucrarme en el mundo de la política partidista, pero desde esta tribuna, quisiera hacer esta moción:
Más que centramos en cuales son las penas que debemos impartir a los “intolerantes discriminadores”, más que debatir respecto si tal o cual acto de discriminación merece cárcel o multa , trabajemos por la integración.

En esto Chile ha avanzado muchísimo, hoy podemos debatir y dialogar de temas que antes ni siquiera aceptábamos, pero aún nos falta. Podemos, y debemos, por ejemplo, incorporar programas de integración con quienes están presos, brindarles oportunidades reales de reinserción psicosocial, y no sólo encerrarlos por que sentimos que amenazan nuestra seguridad, hasta que “entiendan” que no se debe robar, matar, o violar (el efecto bienhechor de la pena)

La integración y la no discriminación comienza por ahí, creo yo. Seguir invirtiendo en más cárceles, y con estándares de seguridad más altos, es mantener la disparidad, invertir en reinserción es fomentar la integración.

¿Como puedo enseñarle a un niño el respeto por el otro, cuando lo discrimino por su apellido, etnia, lugar donde vive, o ser hijo de quien es? ¿Como podemos, como país, exigir respeto, sino lo enseñamos? En algún momento alguien me dijo, un líder enseña, luego corrige, y posteriormente, exige.

Como psicólogo forense he tenido la oportunidad de evaluar a muchos imputados por abuso sexual, he visto en casi todos, problemas psicoemocionales de importancia, que los han dañado desde pequeños, y en la práctica, nuestra respuesta como país es encarcelarlos, sin incluir la oportunidad de tratamiento psicosocial; se señala que por falta de recursos, aun cuando me parece que mantenerlo un mes interno en prisión es más oneroso que un mes de tratamiento, en donde él pueda trabajar y mantener a su familia.

El comportamiento inicia en un pensamiento. Cuando la idea que yo soy mejor, o diferentemente mejor, está en nuestra mente, se nos saldrá (aunque no queramos) como comportamiento, más violento, menospreciador o condescendiente. Es por ello que insisto en la idea de educar, más que reprimir la discriminación; pues hay cientos de forma de discriminación, y caemos en ellas varias veces por días, incluso cuando la persona que está delante nuestro en la fila, sigue pidiendo que le expliquen lo que la ejecutiva le ha dicho ya tres veces.

La psicología desde hace décadas ha señalado que el castigo no enseña nada, que para modelar el comportamiento, basta con educar el comportamiento deseado, que sea incompatible con el no deseado. Simplemente, en vez de retar a un niño por no abrocharse los zapatos, le enseño a hacerlo y lo felicito cuando lo veo con los zapatos correctamente amarrados. Parece obvio, ¿no?

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